lunes, 29 de diciembre de 2008
Santiago no duerme, yo tampoco.
Santiago, Santa Rosa esquina Alameda, 5:30 de la mañana y a vista de todo el mundo un sucucho abierto, el paraíso de los que nos gusta la noche y odiamos las malditas leyes del alcohol, y junto con ellas a la bruja cristi. En fin entramos a ese bar que curiosamente estaba abierto y que curiosamente no pedía ninguna clave para poder ingresar por que desde la esquina de la alameda se notaba el lugar abierto, si quizás es raro pero es la verdad. El lugar estaba lleno, como explicar la gente que estaba en ese lugar, había todo tipo, incluyéndonos nosotros, que no éramos la excepción al lugar, lo digo por la locura que allí habitaba. Señor nos puede atender… señor nos puede atender… -podría atender la “tía” en este lado- Aparece una mujer con rasgos muy duros, en un segundo desocupó nuestra mesa, y la limpio, mientras al mismo tiempo atendía tres mesas más. – un pitcher por favor, ¿cuanto es? $5.000, ¡5.500 con la propina!, vamos con un pitcher!!!!, así patricia como la llamaba la gente se ganaba su propina y también hacia de las suyas, la ocasión hace al ladrón y por que no al aprovechador. El pobre curaíto de bar que quiere invitar a las “lolitas” que asechan en esos lugares, por otro lado mujeres que se arrepienten de la vida que llevan y que lloran al amparo de una cerveza, bastante inconsistente, es decir, llena de agua, pero que a esa hora, da lo mismo, pasa la hora y la gente entra y sale, y vise-versa y nosotros seguimos pero ya por botellas por que ya resolvimos el misterio del pitcher, mirando la hora, ya comenzó la limpieza, así nos vamos, con el sol en la cara diciendo basta.
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